El 12 de junio de Cristián Cavieres

Nuestro relator nos cuenta cómo vivió el hermoso título conseguido hace años.

MI 12 DE JUNIO

Ese 12 de junio fue de dulce y agraz, pero lleno de agradecimientos. Y a la primera persona que debo entregar palabras es para Orlando Escárate. Él revivió el legendario programa “La Sintonía Azul” y fue quién me dio la oportunidad de ingresar al cerrado núcleo del periodismo deportivo. Lamentablemente no siguió con nosotros, partió a “La Magia Azul” y bueno, todos sabemos lo que ocurrió después.

El programa en la Radio Santiago continuó y se me encomendó la labor de siempre estar al pendiente del rival de turno de la “U”. Pude estar en la amargura colocolina tras el golazo de Rivarola, o la vergüenza que sintieron los de O´higgins cuando en semifinales se fueron con siete en el canasto, como también a los cruzados tras el triunfo en la ida y una casi segura sensación del título conseguido.

Los recuerdos que tengo de los jugadores de Universidad Católica llegando al Nacional y con una verdadera fiesta en el interior del bus permanecen muy vivos solo en mi cabeza. Pedí pase a Pepe Ormazábal y le comenté “los de la UC vienen con serpentinas y golpeando ventanas” (no tenía muy incorporado el concepto cotillón en mi léxico, hasta ahí). No tenía celular con internet por esos días, así es que solo las imágenes en noticiarios o de diarios. Pero había algo que no me dejaba tranquilo.

Tuve que describir todas las jugadas que ocurrían en el arco norte. La falta penal a Edu Vargas y que luego Gustavo Canales transformó en gol. La patada criminal de Jorge Ormeño a Eugenio Mena sin tarjeta roja, pero el éxtasis del tiro libre que Eluchans rozó y la metió en su propio pórtico. Y en el Segundo tiempo la desesperación del banco cruzado y las locuras desatadas de Alfonso Parot, entre otras. O sea imagínense!!! La “U” campeón, da vuelta la llave a uno de sus clásicos rivales, llevaba unos pocos meses en los estadios trabajando, que Pepe Ormazábal me diese pases y la posibilidad de entrar a la cancha…. ¿Qué más podía pedir?

Si pagué el precio del noviciado cuando ahora mi actual editor y compañero Cristopher Antúnez  “me quitó a Guillermo Marino” para hacer una nota en cancha mientras daban la vuelta olímpica, bueno cosas del aprendizaje y que se transformaron en el anecdotario de una jornada en la cual me enfrentaba con la situación de “hincha, pero andaba con un micrófono desempeñando una labor profesional”, pero igual estaba en la césped. Toqué la copa, abracé a Sampaoli y quizás a algún otro (algo que no volvería a hacer, por cierto). Felicidad sin duda, pero con una gran preocupación.

Ese día domingo estuve a punto de no ir al Estadio. Mi hija Constanza que por esos días tenía ocho meses de vida, padecía de un problema bronquial que no la dejaba tranquila y nada parecía mejorarla. Estaba llegando al Nacional cuando su madre me llama y dice “Nos vamos con ella al Hospital, está muy ahogada”, quise devolverme pero ella misma me dijo que aprovecharse esta ocasión, que no me impacientase y que me mantendría informado.

Salí de Ñuñoa. La “U” bajaba su estrella 14 y éramos felices los azules, pero la Cony comenzaba diez días que la tuvieron muy complicada con el virus sincicial, conectada a máquinas y oxígeno. Se mejoró, pero no tuve tiempo para celebrar, fue una noche muy larga.

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