Ganar es lo que importa

Los azules abrocharon su segundo triunfo consecutivo en el Torneo de Transición, venciendo a Temuco en el Estadio Nacional.

Sé que todos queremos ver a nuestro equipo jugar bien. Es más, que lindo es prender la televisión y presenciar un encuentro donde los equipos propongan, toquen, se asocien, tengan varias ocasiones de gol y si hay varias conquistas, bienvenida sean.

No obstante hay veces en que no se juega al nivel esperado, pero se gana, y aunque la discusión sea eterna, sigo prefiriendo ganar jugando mal a empatar/perder jugando bien.

¿Jugó mal ayer la U frente a Temuco? No.

Los primeros minutos nos mostró a un equipo desenfrenado que quería comerse al rival, con intensidad, rapidez y saltándose rápidamente el mediocampo. Raro para Hoyos, que prefiere trabajar al rival, tocar al costado y llegar en la medida de lo posible, concretando cuando hay que concretar.

El tema es que ese comienzo descontrolado duró 15 minutos, luego los azules buscaron siempre por el sector de Beausejour el centro perfecto para el cabezazo de Pinilla, al más puro estilo PES o FIFA.

Temuco por su parte, con poco y nada, llegó una vez y concretó a través del buen Chris Martínez. Balde de agua fría y los peores minutos de la U, donde encontraba a un Seymour que corría y corría, sin lograr asociarse con Caroca, ni Arancibia, con un Benegas que pese a su lucha, al tirarse tanto al costado muestra todos sus ripios técnicos y con un Beausejour que aún no se pone a punto.

El gol vino a través de lo que mejor sabe hacer este cuadro: jugar por abajo. Una serie de toques terminó con Lorenzetti mandando el balón al fondo del arco.

El segundo tiempo la U arriesgó mucho y quedó despoblado en defensa con el cambio de Pizarro por Seymour, esto permitió que el equipo Pije que llegara dos o tres veces con mucho peligro al arco defendido por Johnny Herrera.

El equipo se sacudió y volvió a tomar la partitura original y que le dio el título el semestre pasado, toque y toque, teniendo a Pizarro y Lorenzetti como maestros de orquesta. Lo tuvo Arancibia en dos ocasiones, y Pinilla que con sus ganas y presencia en el área rival, arrastraba dos marcas siempre, dejando en mejor posición a sus compañeros de ataque.

El gol del triunfo fue una sinfonía, con un Lorenzetti que a veces parece náufrafo en las tareas de creación, pero que ayer creó y ejecutó, y no una, dos veces.

Triunfo justo para una Universidad de Chile que se acostumbró a ganar, y tuvo la tranquilidad necesaria para dar vuelta un resultado, mostrando que la mayor fortaleza de este equipo es su madurez, experiencia y temperamento, lo que le alcanza para este tipo de partido.

Es claro e inobjetable que debe y tiene que mejorar, pero siempre es mejor y más fácil a punta de triunfos.

 

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